Living Water/Agua Viva

Let me explain my personality, and maybe you can relate:

Ever since I can remember (and my parents tell me I was like this from the moment I was born), I fight to get what I want. If there’s something I want to go after, there is no convincing me that I won’t get it if I work hard enough. This has it’s redeeming qualities – I fight for what I love and don’t give up when things get tough, I go after things that frighten me just to conquer them, and I’ve accomplished things out of pure determination not to fail. I compete with myself constantly to show that I can be bigger and better.

However.

When there are obstacles in my life that I truly can’t do anything about, when I can’t convince someone of what I think they need to know or feel, and when situations are completely out of my control to change, I get frustrated and defeated. I feel like I’ve failed.

I go hard and I go fast, and my entire life I’ve been an intense person. As fierce as I love, failure is just as earth shattering.

When I come to road blocks in the places of my life where I want to continue, it’s very hard for me to accept. I feel drained, spent, burnt out. I put all my energy into something, and all my energy  isn’t enough.

Does anyone else feel this way?

These past couple weeks I have been doing some heavy reflection on my heart and from where I’m drawing energy to go so hard at the main challenges of my life right now. Why have I felt so insufficient lately?

I was reading John 4 and it jumped out at me so obviously that I couldn’t miss it.

Jesus has such a kind and gentle way of explaining these huge mysteries to us, that I think sometimes they seem so simple that we don’t look for the big message He’s trying to get to us. In John 4, He explains to a woman at the well that the water He offers, living water, is so much better than anything she could get from that ordinary well. He says,
“Everyone who drinks from this water will get thirsty again. But whoever drinks from the water that I will give him will never get thirsty again. In fact, the water I will give him will become a well of water springing up in him for eternal life.”

I have my own personal well inside me. I draw from my own strength and energy and reservoir of love, and sometimes, I hit the bottom of the well and it’s completely dry. Many times, I am stretching out that last bucket of water and making every drop count.
I am left feeling hurt, because I wasn’t enough.
I’m tired of loving, because what I give from my own well is my personal supply, and I’m doling it out bucket after bucket.

Someone asked me a few weeks ago what my purpose in life was, what did I feel called to do with my one life.
My first instinct was to say, “Help people!”, because that’s what makes me feel useful. I love feeling useful.
But a few days ago, God asked me if I remembered what He first told me years ago when I was starting to ask Him what He wanted me to do with my life.
And I remembered that what He told me He created me for wasn’t to “help” people.
I was called to love. To love and to love and to love and to pour out even more love, and through that God was going to work in His way and in His time.

Truthfully, no one needs my help. It’s impossible for me to “fix” anyone. But what everyone needs is love and grace. Once you start to love someone and see them as God does, it’s easy to see how you can be useful in their life.

The past couple years I have been drawing from my very limited supply of love. I’ve tried to love people my way and with the few resources I have. That love has an end to it, a limit that I seem to reach over and over again.

So this week God has been gently reminding me to draw from His well that He provides me. He has been inviting me to drink of His living water until that well becomes a part of me and I never feel thirsty again. He’s encouraging me to love on people but not from what I think I can give them. He’s showing me that when I draw from His unending supply of living water, love doesn’t have to hurt, it doesn’t have to drain me, and it can be the most beautiful, liberating thing.


Permítanme explicar mi personalidad, y tal vez puedes identificarse:

Desde que puedo recordar (y mis padres me dicen que yo era así desde el momento en que nací), yo he luchado para conseguir lo que quiero. Si hay algo que deseo, no me puedes convencer de que no lo conseguiré si lucho lo suficiente. Esto tiene sus cualidades redentoras – lucho por lo que amo y no me rindo cuando las cosas se ponen difíciles, enfrento las cosas que me asustan sólo para conquistarlas, y he logrado metas solo por la pura determinación de no fallar. Compito constantemente con mi misma para demostrar que puedo ser más grande y mejor.

Sin embargo…

Cuando no puedo hacer nada con algunos obstáculos en mi vida, cuando no puedo convencer a alguien de lo que creo que necesitan comprender o sentir, y cuando las situaciones están fuera de mi control para cambiar, me siento frustrada y derrotada. Siento que he fallado.

Voy duro y voy rápido, y toda mi vida he sido una persona intensa. La intensidad con que demuestro amor es la misma con que caigo cuando fallo.

Cuando llego a las barricadas de la vida en lugares donde quiero seguir, es muy difícil para mí aceptar que me tengo que detener. Me siento agotada, gastada, quemada. Pongo toda mi energía en algo, y toda mi energía no es suficiente.

¿Alguien más se siente así?

Estas últimas semanas he estado haciendo una pesada reflexión en mi corazón y de donde estoy sacando energía para trabajar tan duro en los desafíos de mi vida en este momento. ¿Por qué me he sentido tan insuficiente últimamente?

Estaba leyendo a Juan 4 y lo que encontré se me hizo tan obvio que no podía perderlo.

Jesús tiene una manera tan amable y gentil de explicar los enormes misterios para nosotros. Creo que a veces parecen tan simples que no buscamos el gran mensaje que Él está tratando de ayudarnos entender. En Juan 4, Él explica a una mujer en un pozo que el agua que Él ofrece, agua viva, es mucho mejor que cualquier agua que pudiera obtener de ese pozo ordinario. Él dice,

“Cualquiera que beba de esta agua volverá a tener sed, pero el que beba del agua que yo le dé, no volverá a tener sed jamas, porque dentro de él esa agua se convertirá en un manantial del que brotará vida eterna.”

Tengo un pozo personal dentro de mí. Saco de ese pozo mi propia fuerza, energía y amor, y a veces toco el fondo del pozo y está completamente seco. Muchas veces, quiero utilizar la última gota de agua en miles de cosas.

Me siento mal, porque no soy suficiente.
Estoy cansada de amar, porque lo que doy de mi propio pozo es mi provisión personal, y lo estoy gastando balde tras balde.

Alguien me preguntó hace unas semanas cuál era mi propósito en la vida, qué era lo que me sentía llamada a hacer con mi única vida.
Mi primer instinto fue decir, “Ayuda a la gente!”, Porque eso es lo que me hace sentir útil. Me encanta sentir útil.

Pero hace unos días, Dios me preguntó si recordaba lo que Él me dijo hace años cuando yo estaba comenzando a preguntarle qué quería que hiciera con mi vida.

Y recordé que la llamada no fue simplemente para “ayudar” a la gente.

Me llamó para amar. Amar y amar y amar y derramar aún más amor, y por medio de eso Dios iba a trabajar a Su manera y en Su tiempo.

La verdad, nadie necesita mi ayuda. Es imposible que yo “arregle” a alguien. Pero lo que todo el mundo necesita es amor y gracia. Una vez que empiezas a amar a alguien y verlo como Dios lo ve, es fácil entender cómo puedes ser útil en su vida.

Los últimos dos años he estado sacando de mi muy limitado reservorio de amor. He tratado de amar a la gente a mi manera y con los pocos recursos que tengo. Ese amor tiene un fin, un límite donde llego una y otra vez.

Esta semana, Dios me ha estado recordando suavemente a sacar del pozo que Él provee. Él me ha estado invitando a beber de Su agua viva hasta que ese pozo se convierta en un manantial dentro de mí y nunca volveré a sentir sed. Me anima a amar a la gente, pero no con lo que creo que puedo darles. Él me está mostrando que cuando yo saco de Su provisión interminable de agua viva, no tengo que sentir lastimada cuando demuestro amor, no tengo que sentir agostada, y puede ser la cosa más hermosa y liberadora.

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